10 razones por las que debemos consumir productos locales

Todos tenemos ya muy claro a estas alturas que la clase política ha sido y sigue siendo una de las principales bazas de esta crisis económica, la corrupción ha desvalijado las arcas del Estado y consecuentemente ha mermado el estado del bienestar que tanto nos ha costado a los españoles conseguir. Lo que también tenemos muy claros es que pese a las diferencias entre unos y otros (aupadas, no lo olvidemos, por los diferentes partidos en busca del voto fácil) es que los españoles somos muy solidarios. Ver como desmantelan una fábrica en nuestro país para que la producción se la lleven a uno donde los costes sean más baratos nos duele en el alma, y consecuentemente ver a las familias en paro es todavía más doloroso. De hecho lo estamos sufriendo en nuestras carnes cada día … ¿quién no tiene un familiar ahora mismo apuntado desde hace años a las listas del INEM?

Hecho en España

Estamos acostumbrados a lo que nos tienen acostumbrados, es decir, a decirnos qué debemos comer, cuándo debemos comerlo y porqué. Está claro que las grandes multinacionales tienen mucho poder para hacerlo, por eso apenas aparecen noticias en los medios sobre el consumo local, el de cercanía. El consumo de productos locales, o sea, los procedentes de tu entorno geográfico más cercano posible, contribuye a mantener y desarrollar la economía de la zona, el tejido social que lo envuelve, a preservar el medioambiente y además conlleva otras muchas ventajas que trataremos de ir desgranando en este artículo.

Fomentar y consumir los productos de ámbito local tiene las siguientes ventajas:

  1. Creación de empleo en la zona de actuación (y mantenimiento de los actuales)
  2. Recuperación de espacios de cultivo y consecuentemente revitalización de la economía de la zona
  3. Creación de industria complementaria alrededor de un foco de producción (transformación de productos, etiquetado, etc)
  4. Precios más justos por reducción de los costes de transporte y ausencia de intermediarios
  5. Un euro gastado en productos de cercanía genera el doble para la economía local.
  6. La comida pasa por pocos procesos, en el caso de la agricultura del huerto a la mesa, sin necesidad de almacenarse en grandes contenedores para su transporte y la maduración en cámara. Por lo tanto también sabe mejor porque se recogen en el momento óptimo para su consumo.
  7. Al reducir los costes de transporte el medioambiente también se ve beneficiado por la reducción de gases contaminantes.
  8. Reducción de los embalajes en su transporte. Un producto que viaja poco no debe protegerse tanto, sobretodo si esos productos son de temporada.
  9. La trazabilidad del producto está mucho más focalizada, sabemos de dónde vienen y cómo los han preparado. ¿Sabes los pasos que ha seguido un producto que viene desde China hasta que llegan a tu casa? Cultivo, producción, transformación, almacenaje, envío, aduana, venta y consumo …
  10. Lucha contra los monopolios. ¿Sabías que sobre el 80 % de los productos que se distribuyen en España lo hacen tan sólo entre 10 empresas? (mira esta foto/diagrama) Entre ellas fijan los precios finales y mandan sobre la producción ¿qué queda para el productor? Apoyar a los pequeños productores locales sirve para luchar contra los grandes monopolios.

En esta etapa de nuestras vidas en que la crisis se está cebando con los autónomos y pymes, parece que el gran negocio lo están haciendo las multinacionales a golpe de ajustar los precios y los pagos precisamente a los pequeños productores. Los grandes perjudicados de todo esto somos, a fin de cuentas, los consumidores finales y ciudadanos de a pié. Pero lo que las grandes empresas saben perfectamente (por eso manipulan el consumo) es que al fin y al cabo trabajan para dicho consumidor. Si somos capaces de equilibrar la balanza acabaremos con los monopolios, al fin y al cabo ese poder se lo hemos dado nosotros.


Comparte esta valiosa información, cambia tus hábitos, compra en los establecimientos de tu barrio, averigua de dónde vienen los productos, pierde el tiempo en preguntar al dependiente, investiga y apuesta por nuestros productos, porque así salvarás de la ruina a los que, como tú, quieren ganarse la vida honradamente. ¡Consume productos locales!


La mala gestión de la marca España

De sobras y por todos conocidos es el viejo dicho de que «Nadie es profeta en su tierra» y que a muchas personas, marcas y empresas les cuesta despegar en sus propios países más que en el extranjero. Pero este viejo dicho también tiene sus limitaciones. Y dichas limitaciones vienen superadas por el marketing que hacen las empresas para mejorar la imagen de dichos productos, marcas, personas, etc. Algo esencial dentro del mundo de los negocios es saber venderse a los demás, ya sea fuera o dentro de nuestras fronteras. Cuando uno piensa en productos alemanes piensa en «robustez», cuando uno lo hace enfocado a los productos italianos piensa en «diseño», … ¿qué pasa cuando uno piensa en productos españoles? ¿qué se os viene a la cabeza? una imagen poco definida ¿verdad? Eso nos pasa por nuestro complejo de inferioridad y el marketing que utilizó el régimen franquista durante los años 60: «Spain is different» (fiesta, paella, toros); una de las mejores campañas de marketing y publicidad que jamás ha salido de nuestras fronteras y que, desgraciadamente, todavía hoy perdura. Y digo desgraciadamente porque España ha evolucionado mucho desde entonces, y nuestros productos también.

Hubo un tiempo en que España sólo tenía un canal de televisión y éste acaparaba toda la audiencia del país. La novedad de la caja tonta inducía a una especie de «pensamiento único», lo que decía la tele era «la verdad». Y empezó el anti-marketing contra todo lo español. Fue el génesis de los lemas «hecho en Estados Unidos», «importado de Alemania», los famosos caldos Knorr «la sopa de calidad Suiza», etc. Lo de fuera primaba sobre todo lo demás. Los españoles queríamos productos de importación (y todavía hoy damos preferencia también a marcas extranjeras sobre marcas nacionales) y los directores de marketing de las pocas agencias de publicidad españolas sabían cómo vendernos dichos productos.

A día de hoy, aquellas reminiscencias del pasado siguen golpeando una y otra vez nuestras decisiones de compra; aunque sea de forma inconsciente. ¿Os acordáis cuando éramos pequeños y jugábamos con las siglas de las marcas? Un ejemplo: RENFE (Rogamos Empujen Nuestros Ferrocarriles Estropeados). Este es el claro ejemplo de lo que quiero decir. Durante muchos años nos inculcaron que la calidad de los productos de importación eran mejores que los que teníamos en casa. Acabábamos de salir de una férrea dictadura y los españoles querían aparentar que las cosas les iban bien. Coches deportivos americanos, gafas italianas, ropa inglesa, etc. En cierto modo es comprensible.

Pero a día de hoy, pese a los pocos esfuerzos que hacen los diferentes Gobiernos de España a la hora de reforzar nuestra marca tanto dentro como fuera de nuestras fronteras, los productos españoles generan confianza en el exterior. Tenemos productos que se exportan a medio mundo (y ya no hablo de la fruta y la verdura), sino de otros muchos productos que son punteros en su sector. ¿Por qué no reforzar la marca España localmente? Y no hablo de las campañas televisivas emprendidas por las televisiones privadas para satisfacer a sus grandes clientes (muchos de los cuales no tributan en España y ocultan dinero en paraísos fiscales. Me refiero a reforzar la visión positivia tanto del consumo de productos españoles como de su producción en nuestro país (y no en terceros más económicos). Acciones que animen a las fábricas y empresarios a lucir orgullosamente en los envases un «Hecho en España«, al estilo americano «proudly made in USA» (Hecho con orgullo en Estados Unidos); ¿no estamos orgullosos de lo que hacemos? Precisamente muchos nos quejamos de los americanos, de su orgullo, de su desfachatez, de sus aires de superioridad, etc… pero si algo han logrado es hacer sentir de manera única que son diferentes, que sus productos son los mejores y que América está por delante de todo el mundo. Y todo ello gracias al marketing.


¿Y nosotros? ¿No somos capaces de admitir que nosotros también lo somos? ¿Tenemos que ir arrastrando el sentimiento de inferioridad europea que se forjó durante el franquismo? Pues todo ello empieza por nosotros mismos, si no apoyamos a nuestras marcas, nuestros productos, las empresas con capital español que invierte su dinero e impuestos en nuestro país, ¿qué esperamos? O protegemos localmente nuestros intereses o nadie va a hacerlo por nosotros.